Bitácora de la Película: POGRESO

Bitácora de la Película: POGRESO

martes, 4 de mayo de 2010

Sobre la construcción del puertorriqueño en “Pogreso”

VEA DOCUMENTAL-ENTREVISTA

Sobre la construcción del puertorriqueño en “Pogreso”


En el documental Pogreso, su director, José Ángel Morales, reconstruye la concepción del puertorriqueño, representándolo como un individuo indefinidamente contemporáneo, uno que simultáneamente está desasociado de su pasado y de su futuro. Ahora, esto no impide que Morales le ponga un marco histórico a esta condición existencial, por lo que la película comienza con un discurso de Muñoz Marín, sugiriendo así que el puertorriqueño a ser explorado es un producto del Estado Libre Asociado. Esta decisión narrativa además funciona para que el espectador tenga constancia de que Pogreso presenta una visión decididamente subjetiva, consideración que se puede ver más claramente en las escenas que inmediatamente le subsiguen.
A tono de obertura entramos en la actualidad propia del documental, una serie de caras y cuerpos oscilantes (editados de manera que no escuchamos los sonidos que estos producen, sino que Morales los sincroniza al compás de una melodía ya en progreso) ocupan el espacio frente a la cámara. Las figuras más sobresalientes en esta escena son un limpiabotas y una mujer indigente, las cuales me parecen ser representativas del cosmos simbólico de la pieza. El hombre que eñangotado y con soltura (como si ya lleva tiempo haciendo este trabajo) es el puertorriqueño cuyo estatus lo mantiene en una posición de servidumbre y la mujer es la puertorriqueñidad, la cual ha sido desahuciada, aunque no completamente desaparecida, del contexto social que determina al espectador ideal. Esta concepción dual de la realidad puertorriqueña, Identidad vs. Individuo, es uno de los constantes del documental y aunque no compone la totalidad de los temas explorados durante el mismo, me parece ser el más significativo. La problemática propuesta por el film es que ese puertorriqueño no ha podido reconciliarse con lo que lo define.
Hay dos figuras claves en la construcción del documental, Doña Antonia y el tecato, que reaparecen constantemente durante el mismo. Antonia vive aislada entre la gente. Su casa se encuentra entre otras, muy en el centro de la conmoción de la ciudad, y aun así vive desasociada de ésta. Morales siempre la posiciona en contacto con el agua, visto desde la primera escena en la que la conocemos: el grifo de su fregadero chorrea incesablemente detrás de ella, cayendo sobre trastes sucios que no son capaces de aprovecharse del agua para mejorar su condición. Esta imagen es alegórica del resto de del documental, representado la presente incapacidad del puertorriqueño en reconciliar la dualidad inherente que lo define, idea que se concretiza con las escenas del tecato.
Un joven anónimo (la cámara nunca revela su cara) prepara muy eficientemente los elementos necesarios para adentrarse en su “cura”. Está lleno de tatuajes, de los cuales se destaca uno que cubre el largo de sus hombros, “perdón madre”. Al no tener una distinción especifica más allá de su condición como tecato, Morales efectivamente lo convierte en representativo de algo mayor; él no es una persona, de la misma manera que Antonia no es una persona (que conste no estoy hablando de sus realidades biográficas, sino de su significación como “personajes” en la construcción del filme), sino que su figura es representativa de un colectivo muy real y concreto: el puertorriqueño. Esta concepción dicotómica Puerto Rico, Sujeto vs. Contexto, se mantiene en las otras partes del documental, manteniendo una visión clara e inequívoca durante el transcurso completo del film. Sin embargo, esto no significa que Morales propone que su versión es la única posible, o tan siquiera la correcta (necesariamente). La película contiene diferentes versiones sobre Puerto Rico; una de las más interesantes tiene que ver con Doña Antonia.
Después de haber pasado un tiempo considerable con Antonia, el espectador se encuentra con un reportaje hecho sobre ella por Noticentro de Puerto Rico. Al incluirlo en su totalidad, Morales hace clara las posibilidades de interpretación sobre un mismo sujeto. El reportaje televisivo, por supuesto, es mucho más superficial y extremadamente denigrante, aunque no deja ver que sus creadores lo consideren de esa manera. Estoy seguro que Normando Valentín piensa que fue compasivo y que su reportaje fue algo bueno en la vida de esta mujer. La valorización estética y humana que podamos hacer sobre éste es válida, aunque irrelevante (por lo menos dentro del cosmos simbólico propuesto en el filme). La conclusión final ante lo visto, que yo hago, y me parece que también hace el documental, es que el puertorriqueño es un individuo necesariamente atado a un conglomerado de personas que comparten una serie de condiciones sociales similares, aunque sus interpretaciones sobre éstas permanecen diferenciadas.

Por: Jean M. Vallejo González


Primera parte

Segunda parte
Tercera Parte
Cuarta Parte
Quinta parte

viernes, 12 de febrero de 2010

Si desea una Copia de Pogreso

Por Favor escribir una correo electrónico con su petición a:

vamospalante@gmail.com

o en el área de comentarios deje su información de contacto.

Gracias.